Asia llega a la cumbre del cambio climático de Durban dividida entre la postura de sus naciones en desarrollo, comandadas por China e India, y la de las desarrolladas, como Japón, dos antagonistas que se piden mutuamente mayores esfuerzos para reducir los problemas ambientales.

China e India, primer y tercer emisor mundial de dióxido de carbono, respectivamente, defienden desde Copenhague 2009 que las naciones desarrolladas son las responsables históricas del cambio climático, y son ellas las que tienen que contribuir más en la solución al problema, con acuerdos vinculantes.

La responsabilidad es de los otros

En palabras del vicepresidente de la Comisión Nacional de Reforma y Desarrollo de China, Xie Zhenhua, quien encabezará la delegación de su país, “los países desarrollados no prestaron la atención necesaria al cambio climático cuando se industrializaron y urbanizaron” y deben corregir el error reduciendo entre un 25 y un 40 % sus emisiones en 2020 en comparación con las de 1990.

Las naciones en desarrollo, asegura Pekín, deben contribuir también contra el efecto invernadero, pero con acciones “voluntarias”, y en este sentido China defenderá que su XII Plan Quinquenal 2011-2015 prevé acciones como aumentar el uso de las energías renovables desde el 8,1 % en 2010 al 11,4 % en 2015.

La India apoya a China en estas posturas, e incluso ambas se han coordinado en una reunión este mes en Pekín para actuar como un bloque junto a otras potencias emergentes del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), a las que las naciones desarrolladas quieren exigir más esfuerzos.

En cámara lenta

Pero Nueva Delhi centrará más su estrategia en Sudáfrica en pedir que se concreten las transferencias de tecnología para la reducción de los efectos del cambio climático que las naciones ricas han prometido a las pobres, y que se encuentran por ahora con muchas barreras comerciales y de derechos de patente.

El sudeste asiático también se inclina por que Occidente lleve el peso de la lucha contra el cambio climático: sus países no han aprobado ninguna medida contra este fenómeno ni prevén hacerlo, pese a que la región es una de las más castigadas por los desastres naturales que un clima cada vez más impredecible les está causando.

Las inundaciones en Tailandia en 2011 han recordado a la región que la progresiva subida del nivel del mar amenaza con cubrir Bangkok, cuyos terrenos se hunden unos siete centímetros al año.

¿Qué dice Japón?

Al otro lado de la mesa se encontrará la posición de Japón, quinto emisor mundial de CO2, quien no quiere apoyar una extensión de “su” Protocolo de Kioto, puesto que desea un nuevo acuerdo “justo y efectivo” en el que también estén implicados países emergentes como China o la India.

Tokio promete a cambio continuar financiando proyectos de reducción de los efectos del cambio climático en los países en desarrollo, y recordará que 11.300 de los 15.000 millones de dólares que prometió al respecto en la Cumbre de Copenhague ya han sido desembolsados.

No es un buen momento para que Japón esté dispuesta a reducir más sus emisiones de dióxido de carbono: el accidente en la planta nuclear de Fukushima, en marzo, ha complicado los objetivos nipones de reducir éstas en un 6 % respecto a los niveles de 1990, ya que para cumplir esta meta contaba con el desarrollo de la energía nuclear.

Fuente: EFE, Agencias

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