La cifra de muertos por inundaciones repentinas y deslaves en la región Serrana de Río de Janeiro llegó a 702 hoy martes, un número que probablemente suba en el peor desastre natural de Brasil en la historia.

Autoridades dicen que residentes de la región siguen desaparecidos, con muchos posiblemente enterrados. Cientos de personas están aún en áreas de riesgo de nuevos deslaves, algunos aislados de ayuda por el estado de las carreteras y puentes, mientras otros se niegan a irse por temor a que sus casas sean saqueadas.

La fuerza de la tormenta fue tal que la destrucción alcanzó incluso a las viviendas bien construidas en áreas pudientes de las localidades más afectadas: Petrópolis, Teresópolis y Nova Friburgo. Entre tanto, lluvias empezaron a caer otra vez en todo el sudeste de Brasil esta noche.

Víctimas del populismo

La presidenta de Brasil, Dilma Roussef, afirmó que el desastre está ligado a una situación de injusticia social, en la cual las familias de escasos ingresos que no tienen dónde vivir se construyen sus casas en riberas de ríos o laderas de sierras.

«Asentarse en áreas de riesgo en Brasil constituye la regla y no la excepción», dijo la mandataria.

«Desde los años 80, estas tres ciudades tuvieron un proceso muy semejante al que hubo en Río y otras regiones: la permisividad frente a las ocupaciones irresponsables, como si fuesen aliadas de los más pobres».

Drama humano (y animal)

Los trabajadores de rescate siguen removiendo el barro para recuperar cadáveres en la región serrana al noroeste de Río de Janeiro. Por eso, se espera que la cifra de muertos aumente considerablemente.

Un residente de Tresópolis, Carols Eurico, le dijo a la prensa: «Tengo amigos que están enterrados en este lodazal. ¡Está todo perdido!».

Otro habitante de la zona narró una tragedia más: «Una mujer trataba de salvar a sus hijos, pero su bebé de dos meses se lo llevó el torrente como si fuera una muñeca».

Jorge Mario, alcalde de la ciudad, comentó: «Hay tres o cuatro vecindarios que resultaron totalmente devastados en áreas rurales. Casi no quedan casas en pie, y todos los caminos y puentes están destruidos.»

En un dramático rescate, Llair Pereira de Souza, de 53 años, fue levantada con una cuerda desde una casa rodeada por un furioso torrente de agua.

«Pensé que iba a morir», contó. Pereira de Souza había saltado al vacío apretando a su perro contra su cuerpo, pero debió soltarlo para poder luchar contra las aguas

«Si hubiera tratado de salvarlo, yo habría muerto. Pobrecito. Se me quedó mirando por un momento y entonces se lo llevó la corriente».

«Sin agua ni electricidad, me consta el sufrimiento de la gente. Unos ciento cincuenta hombres están revisando las calles en busca de sobrevivientes».

Sin distinción de clases

Ni la población más rica, cuyas viviendas están en áreas de menos riesgo, se salvaron de la tragedia. En un condominio de lujo era posible ver los cuerpos de cuatro personas al aire libre y a la espera de la llegada de los bomberos.

En un área vecina, mientras que las excavadoras aceleraban los trabajos de limpieza de las calles, los propios damnificados intentaban verificar la situación de las casas y recuperar algunas de sus pertenencias.

Carmen Lucia, de 60 años, recuerda que tuvo que escapar por una ventana durante los temporales del miércoles y que, cuando consiguió regresar, encontró su casa completamente inundada.

«Nací y me crié aquí. Estoy acostumbrada con las inundaciones, pero ninguna igual a ésta. La crecida se vino llevando todo lo que encontró por la frente», afirmó Lucia, que, pese a la tragedia, agradece por no haber perdido a ningún pariente.

Hoy, la presidenta brasileña Dilma Rousseff se reunió con funcionarios del Banco Mundial que dijeron que estaban afinando los últimos detalles de un préstamo de emergencia de 485 millones de dólares para el estado de Río de Janeiro, destinado a las áreas afectadas.

Fuente: BBC, EFE, AP, Reuters, Agencias

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