Con su sencillez, nobleza y humildad los perros fueron los primeros en surcar la última frontera terrestre, ayudando al ser humano a comprender los misterios del cosmos. Sin embargo es injusto que en la siempre arbitraria experimentación científica muchos de ellos hayan tenido que dar su vida convirtiéndose en héroes anónimos del progreso humano.

A bordo del Sputnik-5, Belka y Strelka fueron los primeros seres vivos en viajar al espacio y regresar a la Tierra. “Aún hoy en día, no sé si yo soy el ‘primer hombre’ o ‘el ‘último perro’ en volar al espacio”, dijo Yuri Gagarin, el primer cosmonauta de la historia, poco después de dar la vuelta a la Tierra el 12 de abril de 1961.

La pareja canina vestida con trajes espaciales fue lanzada el 19 de agosto de 1960 y, luego de dar 17 vueltas alrededor de nuestro planeta, retornó al día siguiente a la Tierra. Las imágenes de la televisión soviética mostraron cómo Belka (blanquita) y Strelka (flechita) flotaban felices de la vida e incluso ladraban en el interior de la pequeña nave espacial. Las perras, que viajaron acompañadas por 40 ratones, dos ratas y plantas, ofrecieron a su regreso una rueda de prensa en la agencia oficial TASS. Desde ese momento, Belka y Strelka se convirtieron en celebridades en la antigua Unión Soviética y en el resto del mundo.

Fama estelar

Como premio, las perras no volvieron a tomar parte en más experimentos y disfrutaron de un tranquilo retiro, sólo interrumpido por ocasionales visitas a escuelas. Una de las crías de Strelka incluso fue regalada a Jackie Kennedy, esposa del presidente norteamericano, por orden expresa del dirigente soviético Nikita Jruschev. El vuelo de las peludas, que recientemente fueron protagonistas de una película de dibujos animados en 3D, sirvió para probar el funcionamiento de los equipos con vistas al vuelo de Gagarin, que tendría lugar menos de un año después.

De hecho, la nave de 4,6 toneladas utilizada para su vuelo fue un prototipo del Vostok-1 en el que viajaría más tarde el primer astronauta de la historia y estaba equipada con baterías solares y sistemas de refrigeración.

Tres años antes, la perra callejera Laika fue el primer ser vivo en volar al espacio el 3 de noviembre de 1957, aunque murió horas después a bordo del Sputnik-2. Laika, que murió a los 10 años de edad, fue el último perro en ser enviado al espacio en una nave sin sistema de retorno.

Resistencia callejera

Al igual que sus antecesores, Belka y Strelka fueron seleccionados entre centenares de canes porque cumplían con los requisitos físicos, menos de 6 kilos y 35 centímetros de altura, pero también por su resistencia y sociabilidad. Los científicos soviéticos consideraban que un perro callejero acostumbrado a luchar diariamente por la supervivencia soportaría mejor los entrenamientos que un perro de raza. Las perras superaron con creces los mismos exámenes y pruebas de resistencia física a los que luego se someterían los cosmonautas. Los animales, que debieron acostumbrarse a vivir en un espacio cerrado durante largo tiempo, se alimentaron a través de dispensadores.

Los científicos eligieron hembras por su mejor sistema inmunológico y por el hecho de que se sentían más cómodas dentro del traje espacial y también porque eran más fotogénicas. Belka y Strelka fueron portada de numerosas revistas y publicaciones, aunque nunca superaron la fama de Laika, cuyo nombre ha sido citado desde entonces en numerosas novelas y canciones

En total, la Antigua Unión Soviética realizó 29 vuelos espaciales con perros entre julio de 1951 y septiembre de 1962, de los que 8 acabaron trágicamente, mientras los 21 restantes regresaron en paracaídas con máscaras de respiración y trajes espaciales. Recientemente, los científicos rusos descartaron el uso de perros y otros animales de gran tamaño, como los monos, para experimentos científicos en el espacio exterior.

La historia de Laika

El 3 de Noviembre de 1957 a bordo del satélite artificial Sputnik II la perrita Laika se convirtió en el primer ser vivo en salir de la atmósfera terrestre. Solo había pasado un mes desde el lanzamiento del primer Sputnik y la URSS tomaba clara ventaja sobre los EE.UU en la carrera espacial.

Según los comunicados de los científicos soviéticos, Laika había sido adiestrada para mantenerse quieta en su cápsula y comer y beber a intervalos regulares. El objetivo de la misión era demostrar que los seres vivos podían vivir en condiciones de microgravedad. Sin embargo este experimento tenía un impedimento; no había retorno posible.

Para el experimento no se tuvo en cuenta en ningún momento el bienestar de su protagonista, se la sometió a un entrenamiento muy duro, a ella y a las otras dos perritas seleccionadas, que incluía simulaciones de aceleración en una centrifugadora, confinamientos en espacios cada vez más reducidos, exposiciones a ruidos y vibraciones de todo tipo; todo ello desencadenó un notable deterioro físico del animal, que le produjo desórdenes graves en su organismo.

Los científicos rusos habían planificado que Laika ingiriera en el 10º día de viaje una ración de comida envenenada para acabar con su vida. Durante años la suerte de la perrita fue un secreto del estado soviético y se filtraron versiones contradictorias sobre su suerte, unas veces que había cumplido su misión y la eutanasia proyectada había puesto fin a su vida, otras que había muerto por asfixia cuando las baterías de la nave empezaron a fallar, etc. todas ellas bajo el paraguas del sacrificio en pos de la ciencia.

En 2002 el científico Dimitri Malashenkov, integrante del proyecto Sputnik II, en una conferencia en Houston afirmó que Laika murió entre 4 y 5 horas después del lanzamiento debido al sobrecalentamiento y el estres.

Fuente: Agencia EFE, http://misviajesconhistoria.blogspot.com

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