Una forma de medir el pulso de la realidad que se vive actualmente en el Golfo de México es a través de su famosa industria pesquera, lo que otrora fue una de las primeras potencias mundiales en la explotación de recursos marinos ahora se encuentra en una franca decadencia como resultado del desastre ambiental más grande que han vivido los estadounidenses: el derrame petrolero de Deep Water Horizon / BP.


La agencia noticiosa BBC Mundo realizó una crónica muy concreta en base a los testimonios de pescadores y habitantes del golfo directamente afectados por el derrame, tal es el caso de Nick Collins, un experimentado hombre de mar con casi 30 años de experiencia que afirma luego de intentar sin resultados la pesca de ostras durante esta temporada: “Están muertas. Todas tienen las conchas vacías. Todas son ostras bonitas pero están muertas. Todo por el derrame de BP hace un año”.


Destrucción ambiental

“Te rompe el corazón. Es la mayor matanza de ostras de la historia de Luisiana, probablemente de toda la historia de la costa del Golfo de México”, asegura Collins.

Por su parte Wilbert Collins un hombre de 73 años, padre de Nick y presidente de la Collins Oyster Company sostiene tajantemente: “Solíamos tener algunas de las mejores ostras en el país, solía haber filas de hasta tres horas para llevarse bolsas llenas”.

Ahora ya no hay autos esperando. Sin ostras, Wilbert se vio obligado a colgar un cartel en la fachada: “Collins Oyster Company: fuera de servicio tras 90 años por el derrame de BP y el agua limpia del gobernador Jindal”.


Consecuencias económicas

Pero no son sólo clientes lo que ha perdido Wilbert. La pasada Navidad tuvo que despedir a dos de sus hijos. El pescador asegura que no ha recibido ninguna compensación de BP en meses.

Incluso llegó a reunirse en Washington con Ken Feinberg, el hombre designado por el presidente Barack Obama para gestionar los US$20.000 millones del fondo de compensaciones.

“Me ofrecí a enseñarles personalmente las ostras muertas. Pero no tenían interés en verlas”, dijo.

Sin respuestas concretas

A unos pocos kilómetros de los Collins, Feinberg llegó desde Washington para responder a las preguntas de los pescadores, quienes uno a uno, se suben a un pequeño estrado para dejar claras sus preocupaciones directamente al funcionario.

“Sigues diciendo a todo el mundo que todo está bien en el Golfo de México, pero te sientas ahí a mentirnos a la cara”, dice Clayton Mathern, trabajador de una plataforma petrolífera.

“¿Qué pasa con la gente como yo que lo ha perdido todo? ¿Todo por lo que trabajaron, todo de lo que estaban orgullosos?”.

La esposa de Mathern, Becky, también toma la palabra: “Nos dijiste personalmente que nos ayudarías. Nos diste tu número de teléfono celular suplicando que lo mantuviéramos en secreto, pero cuando te llamamos, nunca respondiste”.

“Tiene que compensarnos”

“Teníamos el mejor producto del mundo. Ahora somos conocidos por estar contaminados con el crudo. Eso no es correcto, tiene que compensarnos”, alegan los pescadores.

Feinberg se acerca al micrófono para responder: “Puede que haya gente en esta sala que debería haber recibido pagos que no lo ha hecho, pero el programa está funcionando. Hemos pagado. En menos de siete meses casi US$4.000 millones, incluidos US$1.700 millones para Luisiana”.

“Ahora mismo, no pasa mucho y en el mundo ya no son tantos los que hablan del derrame. Pero no ha terminado. Hay mucha gente sufriendo y no parece que a nadie le importe”, dijo Wilbert Collins. “Te desmotiva ver cómo el gobierno te trata. En EE.UU. es increíble”.

Fuente: BBC Mundo, Agencias

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