[dropcap]M[/dropcap]ás de 30.000 británicos se han lanzado a las calles de Londres en ruidosa procesión y reclamando acción contra el cambio climático. La actriz Emma Thompson encabezó la marcha, una de las más multitudinarias de las más de 150 celebradas en todo el mundo, y vaticinó un cambio irreversible en la opinión pública.

«Yo misma he sido perezosa a la hora de reconocer la dimensión del problema», admitió Thompson, con el megáfono en mano. «Pero me he dado cuenta de que no puede trabajar en otros frentes, como la lucha contra la pobreza o la desigualdad económica, sin atacar el problema de raíz: Necesitamos un giro radical: tenemos que presionar a nuestros líderes para que pasen a la acción».

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Cambio necesario

Vestido de ciervo, el escocés Chris McEvoy orquestó la pitada colectiva al paso de la marcha ante el número 10 de Downing Street, en protesta por la política ambiental y energética de David Cameron.

«El cambio que reclamamos en Escocia es el cambio que queremos ver en el Reino Unido y en todo el mundo», reclamaba McEvoy, miembro de Greenpeace y del grupo 350.org, con Bill McKibben a la cabeza, auténtico motor de la marchas que han dado la vuelta al mundo. «Ha llegado el momento de poner a la gente por delante de los intereses especiales de los políticos, al servicio de las grandes corporaciones».

«Ecología antes que economía», fue una de las pancartas más visibles de la marcha, junta esa otra que reclamaba «Desinvertir en energías fósiles» y que desplegaron los activistas de Divest ante el Big Ben, donde soltaron dos gigantes «pompas» de petróleo.

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En contra de las energías fósiles

[quote]»Nuestra batalla es la «desinversión» en energías fósiles», explicaba Jeff Howard, activista del grupo. «El fracking es la última carta que se han sacado de la manga para frenar la transición hacia las energías renovables. Y lo peor es que los gobiernos están mordiendo el anzuelo y dando una marcha atrás de 10 o 20 años, como estamos viendo en España».[/quote]

Philip Shefield, 34 años, disfrazado de hombre-burbuja de carbono, admitió que era la primera marcha ecologista en la que ha tomado parte en su vida. «Nunca he sido muy activo, pero la ceguera de nuestros líderes me han hecho mover el culo», admitía Shefield, abriéndose paso con su burbuja plastificada entre las jirafas, las cebras y los pingüinos que se sumaron a la marcha.

Abigail y John, pareja atípica, admitieron también que su militancia es más bien reciente y lanzaron una pregunta abierta al río multicolor de la marcha: «¿Estáis dispuestos a cambiar por el cambio climático?». «Matemos al capitalismo antes que el capitalismo nos mate», era una de las últimas y más radicales pancartas en el tramo final de la marcha. La enarbola la galesa Sian Evans, de Global Womens Strike, esperanzada ante «el despertar de un nuevo movimiento que sacuda los cimientos del sistema y tienda un puente definitivo entre lo económico, lo social y lo ecológico».

Fuente: http://www.elmundo.es, Agencias

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