La oposición contra los cultivos transgénicos ha estrenado este jueves la nueva posibilidad de los europeos de presentar iniciativas legislativas ante la UE.

Las organizaciones ecologistas Greenpeace y Avaaz han logrado el millón firmas necesario para utilizar el derecho de iniciativa ciudadana, recogido en el Tratado de Lisboa desde hace un año. Con una pequeña ceremonia delante de la Comisión Europea y frente a la representación de un campo de transgénicos diseñado en 3D, los grupos entregaron las rúbricas al comisario de Sanidad y Consumo, John Dalli.

Moratoria a los cultivos transgénicos

Los ecologistas, respaldados por más de 1.200.000 firmas, piden a la Comisión «una moratoria de la introducción en Europa de cultivos genéticamente modificados» y el «establecimiento de un cuerpo ético y científico independiente para investigar el impacto de los cultivos y decidir la regulación».

Dalli se comprometió a «analizar seriamente» esta propuesta contraria a la política comunitaria actual. La Comisión es favorable a los transgénicos, como defiende frente a Austria, Francia, Luxemburgo, Grecia o Hungría, reticentes al comercio de organismos genéticamente modificados. Cansada de batallas, la Comisión, de hecho, ha propuesto una regulación para que cada país tenga más poder de decisión por su cuenta.

Brecha evidente

La petición representa «la gran brecha existente entre la opinión de los ciudadanos europeos y las políticas de la Comisión», según el responsable de la oficina europea de Greenpeace, Jorgo Riss. La recogida de firmas empezó tras la aprobación el pasado verano del cultivo de la papa transgénica y de la comercialización de tres nuevos maíces de laboratorio.

Este almidón polémico por llevar un gen que resiste a algunos antibióticos, se puede plantar en toda la UE, si bien su entorno natural es el centro y el norte de Europa. Amflora, de la multinacional alemana Basf, es el segundo transgénico autorizado en la Unión para el cultivo el primero fue un maíz de la estadounidense Monsanto, en 1998-.

Esta papa no está destinada al consumo humano, sino a piensos animales, además de usos industriales (papel, tejido o adhesivo se nutren del almidón). Basf la ha plantado en Alemania y República Checa y quiere extenderla a Suecia y Países Bajos en 2011.

Fuentes: Diario El Mundo, Agencias

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