El siguiente artículo presenta un interesante debate suscitado entre la agrupación animalista española ACMAT-CERO y los defensores de la tauromaquia, en relación a las escuelas taurinas para niños. (En azul la opinión taurina y en negro la de ACMAT-CERO)

-Lejos de la educación que cada padre quiera dar a sus hijos, está la educación que el resto de los padres quiera dar a los suyos

-Esto es alegar un absurdo: “lejos de la educación …de cada padre… está la educación que el resto de los padres quiera…” ¿Qué padres son los primeros, cuáles los segundos Y qué educación es “cada educación”: ¿hay dos educaciones, como hay dos Españas?¿O hay tantos miles de educaciones como miles de familias?

-Si las dos primeras están “lejos” unas de otras, el funcionamiento social exige que la Educación -que afecta directamente a la sociedad- se acople a valores comunes, a los que todos se ajusten y sólo difieran en matices marginales, que den el “toque” individual sin arrasar con la Educación, como expresión de progresismo y avance, a mayúsculas..


-Así pues, en la mayoría de las ocasiones, la educación se convierte en algo tan abstracto e intangible…

-La educación no es algo abstracto sino consensuado y plasmado en una Ley que la regula y también coherente con  la ética, universalmente válida e intemporal, que se diferencia de la moral en que ésta es un concepto puntual, según sea aceptada socialmente,

-…que atiende a la interpretación de cada uno.

-Si “cada uno” considerase que la Educación dependa básicamente de la interpretación de “cada uno”, caos, rencillas, rencores, envidias, celos y sistemas y subsistemas infinitos convertirían la sociedad en una catástrofe.


-En el caso que nos ocupa, la tauromaquia, pretendemos analizar y rebatir las bases en las que se fundamentan los deseos de prohibir el toreo a los niños

-Su fundamento, puro y simple, es que la Ley prohíbe el toreo a los menores de edad, como prohíbe el asistir a una autoescuela a los menores para aprender a conducir como adultos. Pero, claro, la defensa de “la educación de un sólo efecto” que el redactor y sus amigos quieren hacer como buenamente ellos y sólo ellos quieran, “lejos” de otras “educaciones” y por supuesto, de la Educación que permite progresar a la sociedad en paz y armonía, sólo pretende una cosa: defender, imponer e impulsar el que a los niños se les acostumbre a la sangre y la muerte de los animales, como en su día se les acostumbró a la sangre y la muerte de los esclavos, como en su día se les acostumbró a la discriminación de las mujeres, como antes se les acostumbró a la quema de brujas y herejes. Tradiciones que “la educación” lejana de la Educación cercana, la cruenta frente a la incruenta, la cruel frente a la justa, la obsoleta frente a la Cultura para el progreso, querría enraizar desde la cuna, usando como instrumentos a los propios niños y niñas.

-“A los más pequeños, la fiesta de los toros les podrá gustar más o menos, de igual manera que a un adulto. El niño podrá aprender a entender lo que ve”,…

-Esto es una falacia porque la mente o mejor dicho el cerebro infantil no está fisiológicamente maduro para entender e integrar las ideas ni los conceptos como el de un adulto,

-…igual que el adulto, y a diferenciar entre el hombre y el animal, y entre el toro y su gato o perro de compañía.

-Cabe preguntarse por la postura del padre taurófilo (y aún mucho más por la complicidad de la mujer esposa de taurófilo) cuando al niño “le guste menos” la fiesta de los toros: si de Educación pretenden hablar ¿quién y cómo garantiza que los derechos del niño al que “no le gusta” van a ser escrupulosamente respetados y apartado el menor de contemplar ese festejo sangriento al que el padre es rabiosamente aficionado.


-No es creíble que no se le fuerce, sitie, presione y cerque para favorecer un cambio de opinión, produciendo al niño lesiones emocionales fáciles de adivinar. Así que, en esta tesitura, ES INEVITABLE reclamar fórmulas legales para que los derechos de los niños a no ser forzados en direcciones obsoletas, lesivas, emocionalmente peligrosas, sean respetadas.  Pero aún más: ¿qué pretensión persigue el redactor al exigir que el niño diferencie entre el hombre y el animal,

-“…Y ENTRE EL TORO Y SU GATO O PERRO DE COMPAÑÍA”: ¿El redactor es el Júpiter tonante de las especies y por decisión divina auto-asumida considera que el perro o gato de compañía son fisiológicamente, u oportunistamente, considerados distintos del toro? ¿Dónde ha comprobado que su sistema nervioso, la conexión cerebral, las neuronas que de igual modo mueven desde sus corazones hasta sus patas, son esencialmente distintas? ¿Estudió fisiología en la Universidad del Matadero Divino y legisló la diferencia entre animales, e incluso el hombre, desde el Parlamento de los Disparates hispánicos?

Fuente: ACMAT-CERO, Agencias

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.