Pero las estadísticas confiesan. Los datos ocultos bajo el palabrerío revelan que el veinte por ciento de la humanidad comete el ochenta por ciento de las agresiones contra la naturaleza, crimen que los asesinos llaman suicidio, y es la humanidad entera quien paga las consecuencias de la degradación de la tierra, la intoxicación del aire, el envenenamiento del agua, el enloquecimiento del clima y la dilapidación de los recursos naturales no renovables;

Eduardo Galeano.

Nuestro primer parque nacional fue decretado el 13 de febrero de 1.937 bajo el nombre de “Rancho Grande” durante la presidencia del general Eleazar López Contreras. El 24 de marzo de 1.953, mediante Resolución Número 102 del Ministerio de Agricultura y Cría, se cambió el nombre por el de “Henri Pittier” en honor a este gran científico que había propuesto y gestionado su creación.

Desde mucho antes a la anterior referencia, ese fragmento de biosfera representaba en sus interrelaciones, las intrincadas y maravillosas formas de reflejadas en diferentes ecosistemas llenos de formas, olores, sonidos, colores y el plácido equilibrio exclusivo de la naturaleza.

La ubicación del parque “Henri Pittier”; que comprende formaciones ecológicas que van desde 0 metros a la orilla del mar, hasta 2.400 metros en los picos más altos; permite encontrar una biodiversidad inestimable expresada en una flora y una fauna variadísima. La diversidad paisajística es muy grande. En pocos minutos. se va desde los Valles de Aragua hasta la Intrincada selva húmeda y con neblina perenne, y de allí a las asoleadas playas, bordeadas de cocotales, pasando por un ambiente árido con cardones, cujíes y otras plantas xerófilas.

La “intencionalidad” que lleva la pregunta con la que titulo este artículo es para recordarnos que, además del Parque Nacional Henri Pittier, el resto de las ABRAE (Áreas bajo régimen de administración especial) en Venezuela no son ni propiedad ni concesión de nadie, son del futuro de nuestra especie, niñas y niños que sustentadamente nos siguen en sucesivas generaciones; pero esto implica que “hoy” tenemos un gran compromiso y corresponsabilidad moral y ética por protegerlas, cuidarlas y sentir la “conexión” que tenemos en las interacciones ya señaladas anteriormente.

Esto nos coloca en el de la realidad del ser-hacer-convivir de los venezolanos y venezolanas que guían sus vidas con honestidad, y en consecuencia, con responsabilidad y con ella, el respeto y todo unido, en un conjunto de valores esenciales que nos dignifican como ciudadan@s, el más legítimo y solidario ejercicio social que por deber y derecho practicamos en los espacios comunes tanto naturales como urbanos.

El “hombre y la mujer”, géneros representantes de la especie humana, en su llamado han sido y son altamente influenciados por el paradigma de , el consumismo sin límites, y muchos dominados por el dañino ego y una ambición que les quita el sentido de pertenencia por esa naturaleza, que también es Madre y es Patria, sin darnos cuenta que la necesaria “comprensión” de nuestra dependencia con sus elementos bióticos y abióticos, y el amor que necesitamos cultivar en ellos, es necesaria porque son elementos que nos dieron origen como especie.

Nuestra Madre Gaia desde la vertiente norte del Parque Henri Pittier ve las costas centrales de Venezuela…

Y señalo esto por dos cosas, una que el Planeta Tierra no necesitó del ser humano para formarse y dos, que la única especie de toda la biodiversidad que la contamina y destruye es el por tal razón, y desde cualquier enfoque filosófico, espiritual o ideológico, resulta inadmisible que poco dudamos a la hora de “destruir” con nuestras acciones lo que a Gaia tanto le ha costado formar.

Los problemas del “Henri Pittier” son múltiples y diferentes las variables que los provocan, solo encontramos como elemento común el muy mal concebido y degradado por las más insensatas acciones con dañinos efectos y malas intenciones. Los incendios de su vegetación, es uno de ellos, quizás el más conocido, el que causa más asombro y diferentes reacciones en la gente que ya se ha acostumbrado a que año tras año, llega inexorablemente la “época de los fuegos”, como si ésta formara parte del ciclo natural del parque.

“Mapa del Henri Pittier”… Sus límites son un formalismo político-territorial necesario en nuestro ordenamiento del territorio nacional. Pero éstos, a la mirada del hombre y la mujer “planetarios” se funden con toda la biosfera…

La preservación de Primer Parque Nacional, y la de todo el planeta siempre fue advertida, cuales visionarios, por muchos “naturalistas” sembrados en nuestra historia de país, incluso algunos venidos de otras tierras y que no se equivocaron en sus percepciones. En la contemporaneidad, también los hubo y la lista es larga hasta llegar al “eterno presente”, como lo llaman los metafísicos.

¿Qué paso? ¿No supimos escuchar? ¿O no quisimos? ¿Apatía? ¿Anomia? ¿Una posición cómoda?… Pérez Esclarín señala en su reciente libro “Educar es enseñar a amar” (San Pablo, 2009), que nuestra cultura actual ha “vaciado de sentido” a muchas palabras y las utilizamos para expresar cosas totalmente distintas y hasta opuestas a su significado, y señala la palabra “Amor”; yo agregaría otra: y es probablemente la que integra todo el sentido positivo que debemos imprimirle a la situación actual de la destrucción del pionero Parque Henri Pittier por el fuego.

Debemos honrar a Alexander von Humboldt, Agustín Codazzi, Francisco Tamayo, al propio Henri Pittier y Gerado Yépez Tamayo, Tobías Lasser y Otto Huber, por señalar unos pocos de tantos en el contexto histórico hasta la actualidad. Esta honra implica las disculpas de quienes no supieron acatar el llamado pero no exime a los que “voluntariamente y con fines perversos” incluyendo los de la más baja y vil forma de confrontar las diferencias políticas, enceguecidos por el odio y las ansias de poder, queman las entrañas de los herbazales y bosques del “Pittier”.

También hay otra parte de este contexto que no podemos obviar, un sistema capitalista que sin conmiseración dilapidó (y lo sigue haciendo) los recursos naturales del por sus propios beneficios económicos, y que hoy en día “desnudos” ante la historia invocan cumbres, protocolos y acuerdos de muy probablemente hecho con la madera de los bosques que ellos mismos diezmaron.

El fuego voraz al cual enfrentan con valor y sin cuartel el “voluntariado” de diferentes ONG`s con un solo fin, mantener sustentablemente para todas y todos el emblemático Parque nacional Henri Pittier…

Ya el mundo los reconoce; los descendientes directos de las razas ancestrales, los excluidos, los que viven en miseria, enfermos, con hambre y sed, y toda la “humanidad” infinitamente mayoritaria que cree en sus valores y en la solidaridad, que estamos dispuestos a la lucha firme contra las minorías poderosas que se quieren apropiar de lo que es de “Todas y Todos” biocéntricamente hablando.

Tenemos pleno derecho a la la misma que todavía puede salvarnos si cada uno de nosotros, desde nuestros ámbitos actuamos con firmeza, determinación y la certidumbre que el propio Simón Bolívar permitiría, dándonos permiso si no le hacemos caso a su pensamiento: “He arado en el mar”.

Prof. Giovanni Capobianco Mucci
Consejo de Educación Ambiental del Estado Aragua CEADA
VENEZUELA.

2 COMENTARIOS

  1. Siempre tan claro y preciso en sus comentarios el profesor Capobianco,sabias palabras que Dios quiera caigan en tierra fertil para minimizar está locura.

  2. Maravilloso articulo, como todos los de mi gran amigo y que pertenecemos a la misma causa, ambientalistas cuidando el planeta. Me parece estupenda la exortacion a que cuidemos cada dia mas el planeta, ya que sin el la vida humana se extinguiria, como esta sucediendo con algunas especias actualmente, pero sin embargo él si puede vivir sin nosotros. Justamente con los incendios son muchas las especies que sufren y no hay derecho, ya que ese es su nicho ecologico. Bueno esperemos a mayor concienciacion.Felicitaciones

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