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México vive un “boom” de desalinizadoras marinas ante la sequía

by on 17 Agosto, 2014
 

[dropcap]L[/dropcap]as cíclicas sequías que azotan a México, cada vez más devastadoras y atribuidas al cambio climático global, provocaron una ola de proyectos para instalar plantas desaladoras en las zonas costeras. La Comisión Nacional del Agua (Conagua), un organismo gubernamental, “está impulsando planes de construcción de desaladoras sin precedentes en la historia del país”, afirmó Adrien Tieche, director comercial en México de la empresa francesa Degremont.

Empresas extranjeras especializadas en el sector son atraídas como abejas sobre miel, sobre todo en la desértica y semidesértica zona norte del país, que se ubica junto a franjas costeras. Según la Conagua, hay proyectos que superan los 700 millones de dólares y las firmas que se disputan las inversiones son la española Inima de OHL, la estadounidense Consolidated Water’s y la francesa Degremont.

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Estrés hídrico

En 2007, la construcción de una instalación en el centro balneario de Los Cabos inició el auge de las desaladoras. Las ventajas de este tipo de proyectos llevaron inclusive a la petrolera gubernamental PEMEX a firmar un contrato con Degremont para financiar, diseñar, construir y operar una planta en el puerto sureño de Salinas Cruz, estado de Oaxaca.

Tieche afirma que “México tiene un gran potencial de desalación por la cantidad de ciudades costeras y el estrés hídrico en el norte del país”. Para sitios como Ensenada, estado de Baja California, una planta desaladora simboliza una esperanza de una vida mejor para sus habitantes, acostumbrados a la endémica escasez de agua en un país azotado entre 2009 y 2011 por la peor sequía de su historia.


La empresa Agua de Ensenada demorará 20 meses en terminar el proyecto y la planta aportará del 30 al 40% de la demanda, señaló Arturo Alvarado, director de la Comisión Estatal de Servicios Públicos de la ciudad. Los expertos consideran que este tipo de plantas “pueden ser una opción viable y rentable”, aunque algunos ecologistas alertan sobre el riesgo de “efectos ambientales negativos”.

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Efectos negativos

En el proceso se genera una salmuera que se debe tratar adecuadamente y el proceso requiere consumir fuertes cantidades de energía. Por otra parte, si la sal que queda separada se vierte en el océano se pueden dañar bancos de coral, pastos y especies marinas, dijeron los defensores del ambiente.


Adicionalmente, la energía eléctrica necesaria para hacer funcionar una planta desalinizadora de agua de mar es muy elevada y la gran mayoría se genera en centrales térmicas que producen contaminantes atmosféricos y, en especial, gases de efecto invernadero como el CO2. Por ello, los especialistas toman en cuenta la ecuación entre necesidad y costos.


”Este tipo de tecnologías es adecuada para regiones con baja disponibilidad de agua potable que tengan acceso al mar o a zonas de agua salobre. Son una oportunidad para zonas costeras con un clima árido o semiárido”, según estudiosos del Departamento de Ciencias del Agua y Medio Ambiente del Instituto Tecnológico de Sonora. La disponibilidad de agua en el país, de más de 100 millones de habitantes, era en 2010 de 4.250 metros cúbicos por persona, pero se reducirá a 3.936 en 2020 y a 3.822 en 2025, según proyecciones de la Conagua, lo que es grave porque hasta un 77 por ciento se destina a usos agrícolas.

Fuente: ANSA, Agencias

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