Los trofeos de caza han sido noticia durante los últimos días desde que la administración que preside Donald Trump empezó a emitir permisos para la importación de trofeos de caza de elefantes y leones capturados en Zambia y Zimbaue entre enero de 2016 y diciembre de 2018, lo que provocó un alud de protestas que parecen haber paralizado una de las peores decisiones ambientales de este gobierno.

Se ha hablado mucho del impacto que podría tener una decisión como esta sobre estos animales, si bien no tanto de la relación que existe entre la caza selectiva y la adaptación de una población a un nuevo entorno con condiciones ambientales distintas.

Los más aptos

En este sentido, un grupo de investigadores de la Universidad Queen Mary de Londres aseguran en su último trabajo, publicado en la revista científica Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences (noviembre, 2017), que tanto la caza de trofeos o deportiva como otras actividades que involucran la selección de animales machos con mayor éxito en la reproducción podrían llevar a la extinción de algunas especies si las condiciones ambientales no son constantes.

En el caso de los elefantes, por ejemplo, los ejemplares más preciados entre los cazadores son los denominados “elefantes tusker”, que se caracterizan por tener unos colmillos muy grandes que, en ocasiones, pueden llegar al suelo y venderse por más de 100 euros cada uno. Este es uno de los motivos por los que en la zona de África central la población de elefantes ha decaído un 64% en los últimos años. Además, a nivel global entre 20.000 y 30.000 elefantes son asesinados cada año, según datos del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés).

Los colmillos de los elefantes, al igual que los cuernos de un venado, los de un antílope o los crines de león –el pelo largo que crece alrededor del cuello- , son rasgos sexuales secundarios cuyo mayor tamaño indica que el individuo es más apto evolutivamente hablando.

 

Polémico punto de vista

Por este motivo, si estos ejemplares genéticamente superiores desaparecen, ello supone la eliminación en la población de los mejores rasgos. Este hecho, combinado con la inestabilidad ambiental, provoca dificultades en cuanto a la adaptación al nuevo escenario del grupo, que es mucho más dramática, según denota el estudio.

En cambio, en un entorno constante, el trabajo indica que los individuos no son tan reacios a asumir los cambios y la caza selectiva de los machos no tiene un efecto considerable sobre la población. Ante este escenario, los autores proponen imponer restricciones de edad en la caza, permitiéndola sólo en aquellos casos en los que los machos mejor dotados genéticamente ya hayan tenido la oportunidad de reproducirse y transmitir su material genético.

Los científicos no proponen, sin embargo, la prohibición total de la caza de trofeos, pues esta se presenta cada vez más como una estrategia de conservación y es entendida por las propias organizaciones conservacionistas, tales como WWF, como una “herramienta de conservación eficaz”. Por este motivo, en África subsahariana hay más superficie de tierra destinada a la caza de elefantes que la reservada para parques nacionales, donde la caza está protegida.

Fuente: http://www.lavanguardia.com, Agencias

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