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Jugarle limpio al agua: obras y servicios de “sanación ambiental”

by on 6 Noviembre, 2016
 

En nuestro planeta acuoso, apenas menos del 2% del agua existente está disponible como agua dulce. Decimos “agua dulce” solo porque no es “salada”, en realidad es insípida. La mayoría del agua planetaria líquida es oceánica, o sea, salada. El resto del agua es sólida (nieve y hielo de glaciares y casquetes polares) y gaseosa (nubes y humedad atmosférica). Sin embargo, la creciente población mundial depende de un agua que debe compartir entre ciudades, industrias, agricultura, minería, entre otros.

Gran parte de la población mundial debe caminar desde su hogar hacia fuentes de agua cada vez más escasas y remotas, para cargar agua en envases portátiles. En las ciudades, sin embargo, nos llegan los acueductos que traen el agua desde zonas rurales, muchas veces remotas, por obras de captación o embalse, transvase o conducción por tuberías, perforación y bombeo desde pozos por aguas subterráneas, lo que exige sistemas de potabilización, distribución y aducción a cada domicilio; habría que pensar si es poca el agua disponible o mucha la gente que la necesita.

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Como sea, tener agua a domicilio es una gran inversión económica, aunque sean dos horas de agua al día, sin que tengamos noción de cómo la naturaleza la produce y cuánto cuesta llevarla a cada domicilio, como derecho humano y no de mercancía.

Sin embargo, poco sabemos a dónde van a parar y con qué calidad vertemos el agua que desechamos al utilizarla, las aguas que tuvimos a nuestra disposición se convierten en aguas residuales, que irremediablemente llegan a otro cuerpo de agua natural, pero sucias. Por esta razón se contaminaron importantes cuerpos de agua del país, como el Lago de Maracaibo, el Lago Tacarigua o de Valencia y muchos ríos.

Para jugar limpio al agua es necesario que desde nuestros hogares se mantengan separadas las aguas residuales de las aguas de lluvia o escorrentía y que en nuestros centros poblados existan redes cloacales separadas de los drenajes o aguas de lluvia; además de separar aguas residuales industriales de aguas residuales domésticas. Finalmente, esos colectores deben llegar a plantas depuradoras, cuyos tratamientos dependerán del caudal del efluente y la caracterización de sus contaminantes.

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Salir de ese pasivo ambiental histórico implica crear sendos planes maestros para “sanación ambiental” del Lago Tacarigua, del Lago de Maracaibo y de cada río que recibe aguas residuales urbanas, cuyos planes incluyan obras para acelerar la desalinización y descontaminación de cada cuerpo de agua, además de asegurar que en cada microcuenca urbana converja un colector cloacal hacia plantas depuradoras de aguas residuales y hasta controlar la contaminación por agroquímicos en sus cuencas.

La naturaleza hará el resto, aunque podemos ayudarla con otras medidas ambientales. La tasa justa por estos servicios paga la inversión de sanación ambiental y podremos asegurar a las generaciones futuras esas fuentes de agua.

Fuente: Edwards Castillo

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