Derrame de petróleo de BP continúa afectando a delfines del Golfo de México

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Kathleen Colegrove - perinate carcass image.

La mayoría de los fetos y de los delfines recién nacidos que quedaron varados en las áreas afectadas por el vertido de petróleo que comenzó el 20 de abril de 2010 en el Golfo de México presentaban afecciones en sus pulmones y un tamaño inferior al de otros animales varados en áreas marinas a las que no llegó el crudo.

Es una de las conclusiones de un estudio realizado entre 2010 y 2013 en las aguas que quedaron teñidas por el petróleo tras el accidente de la plataforma petrolífera Deepwater Horizon de la empresa BP. La investigación, publicada el mes pasado en la revista Diseases of Aquatic Organisms, revela notables diferencias entre los 69 delfines nariz de botella (Tursiops truncatus) hallados muertos en Alabama, Louisiana y Mississippi, estados afectados por el crudo de BP, y los 26 ejemplares varados que fueron encontrados en playas de otras zonas de EEUU.

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Estudio científico

El estudio surgió para investigar una oleada de muertes, inusualmente alta, entre los delfines nariz de botella en el Golfo de México, que comenzó a darse en 2010 y se prolongó hasta 2014. Los científicos detectaron en 2011 un incremento en los fallecimientos de delfines recién nacidos o en el vientre de sus madres respecto a años anteriores, sobre todo en Alabama y Mississippi. Los ejemplares muertos, señalan los autores de este estudio, “eran significativamente más pequeños que los que habían quedado varados en los años anteriores en esas zonas o en otras localizaciones geográficas”.

“Para este estudio evaluamos tejidos de todos los delfines que tenían, al menos, un pulmón disponible para ser examinado, entre febrero de 2010 y finales de 2013. Debido a que esta oleada de muertes incluyó un número muy elevado de delfines varados encontrados cuando sus cadáveres ya estaban prácticamente descompuestos, tuvimos que centrarnos en los cuerpos que estaban en mejor estado para obtener un diagnóstico con información más valiosa”, explicó al diario El Mundo de España Kathleen Colegrove, investigadora del Programa de Patología Zoológica de Chicago y autora principal del estudio.

La gestación del delfín dura 380 días aproximadamente, así que los animales muertos en los primeros meses de 2011 podrían haber estado expuestos en el vientre materno a productos químicos procedentes del petróleo. El 88% de los animales analizados en la zona afectada por el vertido presentaban anomalías en sus pulmones, entre ellas fallo pulmonar. Esto, unido al pequeño tamaño que tenían, sugiere que murieron cuando estaban en el vientre o al poco de nacer, según los investigadores. Por el contrario, sólo el 15% de los delfines muertos en otras zonas presentaba estas anormalidades en su sistema pulmonar.

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Numero desconocido de víctimas

Estos resultados, añaden los científicos, sugieren que las hembras gestantes sufrieron problemas significativos de salud que contribuyeron a incrementar la muerte prematura de sus crías. Un estudio anterior en el que participaron algunos de los autores que firman esta investigación ya reveló que los delfines de botella no perinatales (es decir, con una longitud superior a los 115 centímetros) varados en la zona del vertido presentaban con mucha más frecuencia problemas graves en sus pulmones e insuficiencia de las glandulas suprarrenales, daños que se atribuyen a la exposición a productos petroleros. Entre estos delfines no perinatales se incluyen las crías más grandes, los ejemplares jóvenes y los adultos.

El vertido de petróleo de 2010 tuvo un gran impacto en la biodiversidad del Golfo de México, incluso una vez que el crudo había sido retirado: “Tras completar las tareas de limpieza hay componentes del petróleo que pueden permanecer en el entorno, por ejemplo, en los sedimentos. Algunas de las enfermedades que hemos detectado en los delfines tras el vertido reflejan daños crónicos en los tejidos (por ejemplo, en los tejidos pulmonares). Por lo tanto, tardaremos muchos años en comprender por completo los efectos del vertido en la salud de delfines, en su ciclo reproductivo y en sus poblaciones en general”, explica.

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Por lo que respecta a la cifra de animales fallecidos por esta causa, Colegrove señala que “es difícil estimar el número de muertes teniendo en cuenta los ejemplares varados, pues esta cifra no es necesariamente representativa de la población total”. “El equipo de biólogos que estudia la población desarrolló un modelo complejo para determinar las pérdidas de delfines que se produjeron en los años siguientes teniendo en cuenta numerosos factores, como los varamientos, los tamaños de la población, las tasas de reproducción y los daños en delfines documentados”, detalla Kathleen Colegrove.

Poco a poco, los ecosistemas afectados van recobrando la normalidad: “La mortalidad global de delfines en la región ha descendido tras el pico de muertes registradas entre 2010 y 2014”, señala la investigadora, que anticipa que hay en marcha un estudio para determinar si se puede dar por cerrada esa oleada de muertes de delfines.

Fuente: http://www.elmundo.es, Agencias

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