Carta del 2017 en respuesta a la carta del 2070: Pasado y presente le responden al futuro

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Soy un hombre del 2017, tengo 42 años, sufro de los males más comunes de la actualidad estrés e insomnio. Las preocupaciones envejecen y por eso yo, al igual que muchos paisanos, nos vemos mayores. Trato de reflexionar sobre esa profética carta y observo las cosas que estamos haciendo o dejando de hacer, para evitar ser como la caótica y moribunda sociedad del 2070. La respuesta es terrible, no estamos haciendo nada o muy poco esfuerzos y parece que no notamos que nos quedamos sin agua, sin biodiversidad, sin suelos, sin bosques.

Miro los conflictos sociales-ambientales generados, mientras espero al camión cisterna en mi comunidad; el cual no pasa desde hace quince días. Desde hace tiempo, en nuestra ciudad el agua escasea; sin que la gente entienda el porqué. Hay que pagar sumas de dinero cada vez mayores, para recibir agua con sabor a barro y un color y olor poco agradable. Las comunidades comienzan a enfrentarse por agua y en los cruces de las principales avenidas de las ciudades, se ubican “grupos comunales” esperando a los camiones para llevarlos a sus comunidades.

Se dice que en el mundo futuro tendremos las cabelleras rapadas. Hoy nuestras mujeres lucen cabellos largos aunque recogidos, pues solo lo lavan una vez a la semana. Últimamente se va limitando la ducha en tiempo, cantidad y frecuencia y en algunos días solo alcanza el agua para lavar las partes íntimas y un cepillado de diente nada más. Tenemos una doble moral para todo. En público profesamos una cosa, pero en privado hacemos otra. El agua se rinde y se cuida, mientras dura la escasez, pero se derrocha, como si nada pasara, cuando la tenemos.

Cuando el cisterna llega, nos desquitamos: nos lavamos el cabello, nos damos una ducha larga, los niños juegan en el agua, lavamos el vehículo y el frente de las casas. Es un ciclo de escasez real y abundancia imaginaría. Racionamos el agua unos días, cuando se van secando los envases y tanques donde la almacenamos; pero luego llega el agua y entonces la derrochamos y sentimos que es justo “darnos el lujo de gastar agua”. Creemos que nos los merecemos; que es una especie de derecho.

No parecemos entender que cada vez será más difícil, cada vez será más escasa y de peor calidad; hasta que desparezca definitivamente y con ella se ira nuestra vida también.

Nos hablan de guerras del futuro por agua; creo que exageran. ¡Por ahora! solo discutimos con la comunidad vecina por habernos quitado el cisterna la semana pasada, pero la discusión no llegó a más; aunque si nos vuelven a quitar el camión de esta semana, no sé cómo podríamos reaccionar. Debemos pagar mucho para tener el agua gratuita que deben enviar los municipios. Debemos pagar mucho dinero para disfrutar de un derecho humano.

En una oportunidad, jóvenes del barrio, motorizados, secuestraron un camión, que nos chantajeba con el precio del agua; y con pistolas lo obligaron a llegar al barrio, y aceptar la tarifa. Algunos aprovecharon para llenar de gratis, aunque sea solo esa vez. Fue en el mes de la sequía, teníamos más de tres semanas sin recibir agua, habíamos perdido la noción del bien y el mal, esto les sucede con frecuencia a las personas sometidas a la falta de servicios, será por eso que el acceso a estos, es un supuesto derecho humano. Pero a quien le reclamamos por esto; además la oficina de Naciones Unidas queda muy lejos de nuestros hogares.

El chantaje por agua aumenta cada día; y si la gente se niega a pagar la nueva tarifa, entonces desvían el agua a otra localidad que si pueda pagar. Esos vecinos también se quejan, pero quejarse, no resuelve nada. Los tanqueros saben que la gente se molestara un poco, pero de todas maneras pagaran, desearía que como comunidad enfrentáramos esta situación, pero cada quien está en lo suyo y nadie tiene tiempo de accionar nada, así que al igual que ellos, al igual que todos, me resigno y acepto mi realidad, es imposible cambiarla.

Luego de resolver el tema del agua debo preocuparme por el gas. Elemento abundante en la naturaleza, pero escaso en mi comuna. Largas colas para adquirirlo, equiparables a la larga espera para recibir agua. Los países tienen gas en abundancia; pero este se quema en los mecheros de las torres de petróleo, se desperdicia, mientras tanto aumentan los problemas de energía y los ciudadanos en zonas urbanas recurren a cocinar en leña, lo que aumenta la contaminación urbana y las enfermedades respiratorias. Es como si involucionáramos y regresáramos a la época de las cavernas.

Los humanos antiguos son llamados primitivos o cavernícolas, pero curiosamente supieron conservar el agua, los bosques y gran parte de los animales. A diferencia nuestra, somos “más civilizados e inteligentes”; pero estamos agotando casi todos los recursos y la vida en el planeta está amenazada. Somos una especie de Rey Midas, aquel rey griego que por su ambición pidió a los dioses poder para transformar todo lo que tocara en oro. Al igual que él; nuestra ambición hace que convirtamos todo en mercancía y destruimos todo lo que tocamos.

Con la electricidad, sucede algo parecido, como con el agua. Cuando hay racionamiento eléctrico, apagamos las luces; pero, cuando termina el período, por cierto cada vez más largo; dejamos las luces encendidas, aires, ventiladores, cargadores de celulares conectados. A las personas les parece más práctico llegar a sus hogares, solo a encender y listo, sin tener que perder tiempo enchufandolos.

Todos los electrodomésticos permanecen conectados y las computadoras se dejan encendidas para descargar música o películas y disfrutarlas al llegar del trabajo. Son nuestras válvulas de escape: la tv, la música, el internet, las redes sociales y la tecnología.

No tenemos conciencia del agotamiento del recurso, pues luego de una racionamiento o escasez, llega la abundancia; así que no porque preocuparse. Exageraciones de esa carta de ciencia ficción del 2070. Además de aquí allá no estaré vivo, será asunto de aquellas generaciones resolver sus problemas. Las personas hoy viven más de 70 años, pero a partir de los 30 comienzan a enfermar y padecer de muchos males, se dice que la humanidad se ha degenerado y que nuestros cuerpos, mentes y almas están contaminados.

Los ambientalistas, una especie de futurólogos verdes; dicen que el desarrollo sustentable es satisfacer nuestras necesidades sin afectar las posibilidades de las generaciones venideras. Pero ¿cómo quieren esas futuras e imaginarias gentes?, que les guardemos agua, bosques, energía… sería mucho sacrificio para nosotros. De verdad, no entendemos como, ni que hacer, ni porque hacerlo…¿Quién nos obligaría?.

Nuestra sociedad ha perdido valores como la solidaridad, la amistad, el amor. El capitalismo ha vuelto todo una mercancía, todo es dinero, todo tiene un precio, le inculcamos eso a nuestros niños, y los enseñamos que si quieren sobrevivir, tener pareja y acceder a los recursos deben ganar suficiente dinero para pagarlos; los demás no es importante.

Además es divertido ir a centro comerciales, aprovechar las ofertas de tv y comprar una gran cantidad de equipos o aparatos que en algún momento utilizaremos. Uds. saben los comerciales nos recuerdan que debemos preparamos para el futuro comprando cosas, aunque esta previsión no la aplicamos con el agua, ni con la energía, ni con los bosques, total para que preocuparse, si son recursos infinitos e inagotables.

Lo que si les pido a los ingenieros y tecnólogos es que los aparatos y objetos, los hagan cada vez más pequeños; pues no caben en los armarios, closets y otros espacios, además muchos de estos productos se dañan rápido y los mantengo guardados para tratar de repararlos algún día, Ojala, no vuelvan obsoletos los objetos tan rápido, ya he comprado seis celulares y dos impresoras en tres años. Los ambientalistas insisten en descubrir la obsolescencia planificada; es decir ya el fabricante decidió por ti; cuando durara el producto que le acabas de comprar. ¡Pero tranquilo!.. una nueva oferta vendrá y te permitirá reponerlo.

Nuestros cementerios se colapsaron, los hospitales también, cada vez hay más personas y más empresas, pero cada vez menos servicios públicos. En las escuelas, es difícil conseguir cupo para un niño, aunque tal vez esto solo pase en los países del tercer mundo, pues en los países ricos, la gente envejece y tiene pocos hijos; aun queriendo tener más. Parece que es algo del ambiente, o psicológico, tal vez la alimentación o el ritmo de vida que llevan. Existe una alta tasa de infertilidad en ellos; pero su infelicidad es compensada con la facilidad que tiene de comprar miles de objetos.

Los basureros están repletos con los productos obsoletos o dañados y cada vez más se construyen nuevos vertederos, los cuales se colapsan rapidamente, por lo que hay que quemar la basura o botarla donde se pueda. ¡Pobre gente, esa la que recoge cartones, latas y botellas!, aunque a medida que escasean los productos, los materiales los pagan un poco mejor. De verdad no entiendo, porque tienen ese aspecto de indigentes, ¿será porque los gobiernos no los atienden como debe ser?. El reciclaje es solo una moda y en la práctica, poco se aplica. Además es más fácil y divertido, volver a comprar y es una forma de aliviar el estrés constante en que vivimos.

Lo que si no entiendo es porque los alimentos suben de precio, se dice que la causa es la sequía, luego que es por las lluvias, por el flete o por cualquier otra cosa. Son excusas y más excusas para aumentar los productos; aunque últimamente hablan mucho del cambio del clima, parece que es cierto. Las lluvias cada vez se retrasan; cada vez llueve menos y hace más calor.

Me gustaría ir al rio de mi ciudad, como los hacíamos cuando éramos niños, pero hoy nuestro rio es una gran cloaca, el poder político aliado al poder económico; en años pasados decidió que para bajar los costos había que permitir a las ciudades, empresas e industrias descargar sus vertidos contaminados en los ríos más cercanos. Lo que no entendemos: ¿qué beneficio ha tenido exonerar a las empresas de cumplir con las leyes ambientales?: si igual aumentan los precios de todo y poco invierten en cumplir su cuota de responsabilidad ambiental o social.

Al final de cuentas, los ricos se hacen cada vez más ricos, aprovechándose de las exoneraciones que le da el estado, a costa de los cada vez más pobres. Algunas personas entienden esto, pero la alienación mental de los ciudadanos, les impide comunicarse efectivamente y actuar. Cada quien anda en lo suyo, aunque todos padecen los mismos problemas, nadie tiene tiempo para actuar, todos se resignan a su realidad, es imposible cambiarla.

Hemos logrado reducir la jornada laboral, pero a decir verdad el tiempo jamás me alcanza, tampoco a mi compañera quien siempre se queja de los oficios del hogar. Quisiera jugar más tiempo con mis niños; pero llego agotado a la casa, seran las horas de viaje o la computadora me roba energía en el trabajo. Las actividades físicas son agotadoras.

Con mis hijos adolescentes hablo poco, siempre tienen audífonos, música alta o están con el celular en la mano, o metidos en video juegos o redes sociales en la computadora y no les gusta que los moleste, a menos que sea para comer; lo cual por cierto hacen sobre la computadora. La cena en familia, no les interesa, solo se dirigen a nosotros cuando necesitan dinero o para quejarse por algo. Siento que hemos hecho mal el trabajo de padres, pero no entiendo… ¡si les damos todo, o tratamos de complacerlos en todo!. Nadie habla de eso, nadie se quiere reconocer como familia disfuncional o malos padres.

Hablamos poco en familia. Aunque tenemos el hábito de cenar juntos, cada quien está en su celular, intercambiamos poco y a decir verdad, no hay mucho que contar. La vida se vuelve monótona y se pierde el sentido de para que estamos aquí, se pierden los valores y aquellos que llaman humanismo. Aunque si das un buen aporte en tu iglesia, te enseñan como superar todo esto; pero es que tampoco tenemos tiempo de ir a la iglesia o al menos no tan seguido.

Los parques y áreas verdes se van reduciendo. Cada espacio en la ciudad es tomado para viviendas o locales, necesitamos los parques y áreas verdes; pero también necesitamos los trabajos. La vida en la aldea global es injusta siempre hay que decidir entre tener una cosa o la otra, pese a que los comerciales de tv nos ofrecen que podemos tener de todo, como los artistas y deportistas de las promo o las actrices en las novelas, a las que dedicamos varias horas al día.

Mi abuela dice que las cosas se conectan, recordaba las montañas llenas de árboles de su pueblo y la algarabía de los niños de su época corriendo por los parques y áreas verdes. Yo le explico que esos árboles se usaron en la construcción del centro comercial de la avenida. Había que escoger entre los arboles de su pueblo o el nuevo centro comercial. Quizás con suerte pueda conseguir un trabajo ahí y no tenga que viajar tanto y pueda tener un poco más de tiempo para ver tv o ver mi celular.

Ciertamente las cosas se conectan, aunque sea para lo malo; por ejemplo el saqueo de los pueblos vecinos por las grandes urbes, para llevar materias primas a las ciudades improductivas, derrochadoras de agua, energía y materias primas. Pero así es esto de mantener el estilo de vida citadino.

Los ambientalistas son como los profetas del pasado. Predicen cosas: que si tal especie desaparecerá, que si la temperatura aumentará tantos grados, que si el agua o la polución del aire, nos enfermará, que si comer carne es dañino y antiético y cientos de cosas más. Debo admitir que estos adivinadores de mal agüero, van acertando. Aunque con el uso de máquinas que van arrasando bosques y montaña cualquiera adivinaría lo que pasara, nos quedaremos sin agua y oxígeno. A veces quisiera que esa carta de ciencia ficción del 2070 fuera mentira, pero cada día nuestros recursos se agotan y nuestros centros urbanos se van pareciendo más a aquella infortunada sociedad.

Todos vivimos enfermos de la misma cosa: el estrés y el insomnio; los cuales a su vez te ocasionan cientos de enfermedades. Somatizamos nuestras frustraciones, miedos y ansiedades; aunque a decir verdad, con más ejercicio, con más amor o simplemente sonriendo más, muchas personas dicen mejorar. No sé, si es psicológico, pero la nuestra es una sociedad enferma del alma y de la mente; es también desequilibrada y disfuncional.

Vivimos apretujados unos a otros, pero, no nos hablamos. Contamos por miles nuestros amigos en redes sociales, pero a veces no tenemos con quien hablar y las mujeres siempre dicen sentirse solas, incomprendidas o no valoradas. Los hombres tienen sensaciones parecidas, pero no hablan de eso, se refugian en los vicios o en la tv y asunto olvidado.

Quisiera detener a la gente en la calle y contarles todas estas cosas; invitarlos a hacer algo y unirnos a esos grupos verdes. Pero la gente me vería como un demente, además; esas cosas requieren de tiempo y es lo que ninguno tenemos. No hay tiempo para hablar, ni para disfrutar, ni para estar en familia, ni para amar. Es algo extraño; solo hay tiempo para trabajar y comprar cosas, para nada más.

Somos infelices porque no nos alcanza el dinero para comprar, pero cuando tenemos esos objetos seguimos siendo infelices. Es un vacío constante y la publicidad agrava las cosas diciéndonos a cada uno de nosotros; que nuestro cabellos rizado debe ser liso o que nuestro cabello liso debe ser rizado. Que el celular que acabamos de comprar esta desactualizado, y que tal marca mejorara nuestra calidad de vida. Veo comerciales de familias felices comprando y celebrando. Quisiera tener sus trabajos y su dinero.

En realidad; no es el producto lo que envidio sino su sonrisas, pero eso no está a la venta.

Llamamos recursos a todo: al agua, al aire, a la tierra, a los animales, a las plantas; es decir al igual que el rey Midas transformamos todo en una mercancía, le ponemos precio a la vida. Mi jefe, tiene un letrero en la puerta de su oficina, que dice: gerente de recursos humanos. Entonces podemos concluir lo siguiente: si él, es mi jefe; entonces yo también soy un recurso, y asumo que tengo precio como el agua y el animal, aunque no me lo dicen, pues estoy incluido entre el capital de la empresa y cuando enfermo me colocan en la lista de pasivos o pérdidas de la empresa.

En mi ciudad hay unos espacios inutilizables, llamados quebradas o cañadas; por ellos corre agua sucia y los vecinos aprovechan para botar cosas en él. Los abuelos dicen que antes se bañaban en estos lugares, que pescaban, que escuchaban o veían animales. Me muestra zonas de la ciudad y me dicen que antes eran arboladas y que los niños corrían por estos espacios desafiando al viento.

Me dicen que trate de imaginar o recordar mi infancia en los años 1970. Trato de imaginar, pero me cuesta trabajo, tal vez porqué fui un niño de ciudad. Recuerdo, que si jugábamos en los parques y subíamos a los árboles, comíamos frutas. También recuerdo que había muchos pajaritos, lagartijas y anfibios, pero los niños de mi época los mataban con fondas, hoy ya son muy escasos. Los niños de hoy no conocen las aves comunes de nuestra ciudad; ni siquiera en libros, pues a decir verdad, no les gusta leer. He tratado de mostrárselos en la computadora, pero siempre se distraen con los enlaces de videojuegos o en las redes.

A medida que fue llegando la tecnología: televisores, videojuegos, computadoras, dejamos de reunirnos y jugar en los parques. Subirse a los arboles hoy día ya no tiene sentido. Jugar en los videojuegos o estar en casa aprendiendo a manejar todos estos equipos es más emocionante.

Los niños del siglo XXI, ni siquiera pueden subir a los pocos árboles que hay en sus ciudades; es algo mal visto, y tampoco les gusta comer frutos de esos árboles, puede ser un peligro alimentarse de árboles con troncos llenos de polvo, con hojas enfermas, dicen que la contaminación también los afecta, por tanto es mejor no probar. Además a los niños de hoy no les agradan los sabores ácidos, amargos, agrios o dulces de las frutas silvestres, prefieren los salados, grasos y artificiales sabores de los snack y la comida rápida.

No tienen curiosidad por ir al parque y son expertos en deportes virtuales. Hacen deportes sin llevar sol y sin sudar, en las computadoras claro está. Se diferencian de nosotros cuando éramos niños, porque son obesos, histéricos o débiles y padecen extrañas enfermedades. Por eso no estoy de acuerdo con los médicos que dicen que están mal alimentados, si les damos grandes cantidades de comida e incluso meriendas sintéticas empaquetadas, jugos artificiales, pues no hay mucho tiempo para preparar “cosas naturales”.

En nuestra época jugábamos los deportes de temporada como futbol, beisbol, o imitábamos a los atletas que iban a los juegos olímpicos. Estábamos sincronizados por la tv, pero simultáneamente, también con los juegos tradicionales (canicas) metras, papagayos (cometas), trompos, perinolas, y juegos de grupos. Repartíamos el tiempo entre unos juegos y otros, pero la tv y videojuegos fueron acaparando nuestra atención. Cuando iba a la escuela mi mama me abrigaba, hacia frio e incluso neblina en plena mañana. Hoy día nadie me cree; ya que el clima de mi ciudad cambio para siempre.

Los niños de antes queríamos ser bomberos, guardabosques, policías, veterinarios, médicos, en fin queríamos ayudar a la gente cuando fuéramos grandes. Hoy día los niños quieren ganar dinero y nada más; pues imitan a sus padres y a los adultos “exitosos”, aquellos que tienen fama, dinero, poder y pueden comprar todo lo que quieran.

En cuanto a la ropa que describe esa carta ficticia del 2070, nuestra ropa es reutilizable, pero a decir verdad mucha gente desearía que fuera desechable para no tener que lavar. Cuando lavamos debemos tener tanques adicionales de agua, por cuanto es más costoso, y comprar jabones sin espuma a precios muy elevados. Antes nos poníamos una prenda y la cambiábamos a diario o dos veces al día. Hoy tratamos de reutilizarla lo más posible y el olor se disfraza con perfumes.

Las cloacas en nuestras ciudades colapsan permanentemente, el agua sucia corre libremente y también el agua potable cuando se rompen las tuberías. Es indignante necesitar agua en unas comunidades y ver como se desperdicia en otras. Pero, no hay nada que hacer. La gente se queja, pero nadie tiene tiempo para organizarse; así que lo que queda es resignarse.

Hay muchas enfermedades unas comunes y otras que llaman creadas en laboratorios o armas biológicas: el Zika, la chicunguya, el sida, el ebola y otras más. En realidad hay confusión, los medios explican poco, las autoridades científicas y los gobiernos tampoco. La gente duda, y un nuevo medio de noticias aparece: las redes sociales, pero creando más confusión que antes.

En realidad los medios informan poco, y crean alarmas, prefieren dedicar tiempo a temas vanales y evitan los temas de interés como el agua, el gas, los bosques, la salud preventiva. Dicen que son temas fríos que no interesan a la gente, pero nuestra comunidad se calienta cuando escasean estos “recursos”. Los llamo recursos naturales porque están mercantilizados: hay que liberarlos en nuestras mentes para luego liberarlos socialmente, para eso hay que llamarlos elementos naturales o bienes comunes como el agua, el fuego, el aire, la tierra. Este último el más escaso y el más mercantilizado de todos.

Los medios de comunicación también son disfuncionales, no están al servicio de las personas, sino de los patrocinantes y en realidad en la sociedad la mayoría de cosas, no está al servicio de la gente, sino de quien pueda pagar. Muchos niños nacen con malformaciones, unos dicen que por culpa de sus progenitores por el uso excesivo de métodos anticonceptivos hormonales o químicos; o por usar drogas o que es un castigo divino, por la inmoralidad de sus padres. Otros dicen que es por el estrés y las presiones psicológicas y físicas a que están sometidas las madres, las cuales afectan a los niños.

Los ecologistas dicen o predicen que es por los contaminantes y plaguicidas que hay en las aguas y alimentos o por comer esos tales alimentos transgénicos. A decir verdad los alimentos han perdido su sabor y valor nutritivo, bien de origen por el uso de semillas modificadas genéticamente, ahora son más grandes los productos, pero tienen sabores extraños, o se desnaturalizan por el uso continuo de microondas y químicos en su preparación o cocción.

Dicen los “brujos verdes” los ecologistas, que los contaminantes se bioacumulan en nuestros tejidos grasos y que nunca los podremos eliminar de nuestros cuerpos, por eso pasan al esperma, al ovulo y al feto vía cordón umbilical o vía lactancia materna. El resultado niños con enfermedades congénitas o malformaciones.

Hoy las madres han dejado de amamantar a sus hijos, supuestamente sienten que sus leches no los sustentan. En realidad la tv nos convenció de usar formulas “maternizadas”, aunque luego generen alergias en los niños; lo que a su vez requerirá un par de citas a los pediatras y algunos medicamentos. Todo es un círculo vicioso que nos impulsa a comprar algo.

El aire que respiramos en las ciudades es cada vez de menos calidad, pero todavía tenemos la opción de ir a parques y áreas verdes antes que de las destruyan para viviendas e industrias. Los árboles en las ciudades son cortados por vanalidades: que si ensucian el piso con sus hojas, que si tienen gusanos, que si tapan letreros a los comercios, que si son utilizados por el hampa para sorprender a las víctimas, que si las personas quieren agrandar sus casas, que si dañan los pisos o avenidas. En fin todos tienen una excusa y un hacha o motosierra para cortarlos.

Los municipios y contratistas cortan masivamente árboles en avenidas para ensancharlas o para cualquier otra obra. Siempre tenemos que decidir entre una cosa y otra y jamás tenemos tiempo para organizarnos y arreglar estos conflictos. Nos quedamos sin arboles pero a nadie le interesa, mucha gente los considera estorbos urbanos y pocas personas asocian el oxígeno que respiramos con los árboles. En realidad perdimos la noción de conectar las cosas que utilizamos el agua, la comida, el oxígeno. No nos interesa de donde vienen, esto es lo más grave, tenemos poca memoria histórica, y no sabemos ser agradecidos, ni previsivos.

Pero que podemos hacer, ya casi nadie come en su casa, todos el mundo lo hace en el trabajo, en el lugar de estudio o en las calle. Las personas viven lejos de sus trabajos, de sus estudios, en las ciudades todo queda lejos y el tráfico es cada vez más pesado, aunque sea cerca se tarde mucho en llegar y caminar o manejar bicicleta no es muy buen idea. Por eso será que vamos enrumbados a gran velocidad a que nuestra sociedad se parezca a esa apocalíptica población del 2070. Es como que avanzáramos a ese precipicio, sin hacer nada para cambiar el rumbo.

La edad promedio de nuestra gente supera los 65 años, pero después de los 40 se degeneran y enferman rápidamente. Los niños de hoy día padecen graves trastornos pero todo es atendido con una terapia y medicinas. Algunos dicen que con atención de los padres se evitarían estos padecimientos, pero si no trabajamos, no le podemos dar lo mejor, ni comprarles bienes materiales. Otra vez toca decidir entre tener tiempo para compartir con ellos o tener dinero para consentirlos.

Nuestra gente es más inteligente, pero menos reflexiva, menos agradecidas y valoran menos las cosas que aún tienen.

Aún tenemos tiempo para entender lo que pasa, para comunicarnos, para organizarnos y actuar. Somos la generación responsable de detener esta caótica sociedad. Actuemos antes de que sea tarde y la vida en este planeta se vuelva inviable por nuestras acciones. Un poco de amor, comprensión, solidaridad y esfuerzo colectivo nos permitirá revertir las causas y contrarrestar los efectos.

El 2070 llegará más rápido de lo que pensamos.

Fuente: José Gregorio infante. Barquisimeto, estado Lara Venezuela / Imágenes: Agencias

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