Miles de activistas de distintas vertientes inauguraron esta semana en Porto Alegre el Foro Social Mundial con una multitudinaria marcha de protesta contra el capitalismo, al que acusaron de poner al planeta al borde de una catástrofe ambiental.
En un ambiente festivo y de precarnaval, los activistas repudiaron también la construcción de la central hidroeléctrica de Belo Monte, una gigantesca presa que el Gobierno brasileño levanta en el río Xingú, en la región amazónica.
Desarrollo insostenible
Esta obra ha sido duramente criticada por ambientalistas y por numerosas organizaciones de la sociedad civil por los daños que puede causar al ecosistema y a las poblaciones de indios y colonos que habitan en las riberas del Xingú.
Miembros de numerosos sindicatos brasileños unían sus voces para protestar contra la política macroeconómica que llevó a Grecia a la bancarrota y contra las medidas de austeridad aconsejadas por los organismos financieros internacionales a los países europeos para salir de la crisis.
En el Foro Social, que se celebrará hasta el próximo domingo en Porto Alegre, se llevarán a cabo 682 actividades en las que participarán unos 75.000 activistas de izquierda.
“Capitalismo verde”
El portugués Boaventura de Sousa Santos, uno de los más respetados intelectuales del movimiento contra la globalización, instó ayer a los activistas del Foro Social Mundial a plantarle cara a lo que calificó de “capitalismo verde”.
El sociólogo luso participó en un seminario sobre desarrollo y sustentabilidad celebrado en el marco del Foro Social y denunció que los “grandes capitales” perciben el enorme potencial de negocios que hay en la llamada “economía verde” y pretenden usarlo para “seguir explotando a los más pobres”.
Según de Sousa Santos, “las grandes empresas adquirieron un poder enorme sobre los Estados, que les permite transformar leyes y hacer de la cuestión climática un asunto puramente comercial, que debemos identificar como capitalismo verde”.
Licencias ambientales
Esa nueva forma del capitalismo se esconde, según Boaventura de Sousa Santos, en el comercio global que ha comenzado a florecer en torno a las licencias y los servicios ambientales, así como en la venta de tecnologías relacionadas con el cuidado del medio ambiente.
“En Europa no se habla de ecología. Los europeos dictaron lo que el mundo tenía que hacer durante cinco siglos y, de tanto enseñar, se han olvidado de aprender”, afirmó.
Fuente: EFE, Agencias















